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Inicio/reflexiones/El viento fuerte de la esperanza
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El viento fuerte de la esperanza

El viento sopla con fuerza y todo está lleno de polvo y tierra. No es fácil caminar por este desierto. Los pies se me hunden varios centímetros y tengo que dedicar un rato para poder sacarlos, incluso para no perder, entre la dorada arena, una de las zapatillas. Es un gesto que repito cada poco. Camino mirando hacia adelante, sin ver aún el final, pero llena de esperanza. A cada paso he de mirar hacia el suelo, para recuperar mi calzado hundido.
Una mirada hacia adelante, para mirar las señales del camino, y a quienes lo recorren.
Una mirada hacia abajo, para pisar sobre otras huellas, para no olvidar la firmeza de mis pasos, su confianza.
A veces, una mirada hacia el cielo, para… No lo sé, para respirar más hondo, más profundo.
Aunque ya no sé si el cielo está ahí adelante, abajo, o arriba. Quizás esté dentro. O alrededor.
¡Es tan hermoso caminar por este desierto!
Me empuja la sed, las ganas del final. Pero, sobre todo, me empuja la esperanza.
Alrededor, viento fuerte que sofoca el grito del silencio. Cuando se detiene el viento sobrecoge el silencio ruidoso. Entonces entono alguna nana, o rezo, y todo se calma.
Mirada hacia adelante.
Otro paso.
Mirada al suelo.
Recupero zapatilla.
Esta vez me caigo.
Suspiro.
Y sonrío, porque el tropiezo me ha hecho descubrir que puedo jugar y crear figuras, soñar incluso, con aquello mismo que está impidiéndome caminar.
¡Es tan hermoso caminar por este desierto!
Las huellas que piso están tatuada de siglos de esperanza.
Un pueblo viejo recorre cada año este camino, en unos 40 días. La esperanza se huele, se intuye una presencia constante que apoya el recorrido, que alienta, refresca y estimula el paso.
El sonido cantarín de las pisadas entona ágilmente ese canto de esperanza que es la cuaresma. Tantas mujeres, tantos hombres que han avanzado por esta intuición, confiando, tropenzando, tendiendo la mano para agarrar esa Otra que está siempre atenta.
¡Es tan hermoso caminar por este desierto!
Mis pasos me enseñan.
Así me aprendo.
Llegaré sin una zapatilla pero con mi mano bien agarrada a la Tuya, envueltas ambas en el viento de la esperanza.
 

Publicado:
3 de marzo de 2020

Categorías: reflexionesTemas: Cuaresma, Espiritualidad, Oración, Reflexiones, Silencio

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