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Inicio/Espiritualidad/Cuarenta años, o más.
cuarenta suesa

Cuarenta años, o más.

Cuarenta años, o más, atravesando el desierto, hundiendo los pies entre millones de granos de arena que no sujetan, que no se alían con la causa.
Cuarenta años, o más, con el rostro cubierto para que el polvo no ciegue los ojos y rasgue la piel.
Muchos años caminando, avanzando a lomos de la confianza en una promesa que no acaba de llegar, queriendo ponernos de puntillas para ver si logramos solo atisbar esa tierra prometida que se nos va a dar. Pero ponerse de puntillas sobre la arena es casi imposible. Como imposible es correr, cuanta más fuerza ejerces intentando dar zancadas… más te hundes, más te cansas.
El «hambre» en busca de sentido” es el lema del camino; el itinerario de toda reconciliación, de todo espacio para la comunión. Hambre de horizonte, de descanso, de aire puro. Hambre de compasión, de ternura, de hogar.
Se nos acumulan las quejas, las dudas, y a veces incluso la tristeza. Pero no tenemos derecho a estar tristes, sino a levantar la cabeza y a olfatear la ansiada liberación.
El maná cotidiano cansa y añoramos lo que tuvimos sin saber si lo que tendremos será mejor. Porque… hay una promesa, y a eso nos agarramos.
Cuarenta años, o más, recorriendo caminos desconocidos,  confiando en otr@s,  confiando, confiando.
Un camino que depura, del que no queremos retirarnos, porque una columna de fuego nos alumbra en la noche, poniendo luz, aliviando la angustia y haciéndonos respirar sin atragantarnos.
Un camino que purifica, al que nos sabemos enganchadas, porque una columna de humo, espesa,  marca la dirección, y, nuevamente, confiando avanzamos.
Cuarenta años, o más, siendo pueblo fiel e infiel, pero pueblo tuyo, morada tuya, el lugar que tú has elegido para habitar.
Por el desierto se camina en grupo, es de locos pretender caminar en solitario. Cada corazón tira del corazón más prójimo, para que no se detenga.

Y si al final no soy yo quien entra en la tierra prometida, y he de conformarme con verla desde lejos… “¿no te tengo yo en el cielo?, y contigo, ¿qué me importa la tierra? Se consumen mi carne y mi corazón por ti, mi Dios”.

Publicado:
20 de marzo de 2018

Categorías: Espiritualidad, reflexionesTemas: Cuaresma, Espiritualidad, Oración

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