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Inicio/Espiritualidad/¡Estate quieta!, ¡no te muevas!
estate quieta

¡Estate quieta!, ¡no te muevas!

Muuuuuuchas veces escuché a mi madre decirme eso cuando intentaba peinarme, o atarme los botones del abrigo, o los cordones de los zapatos, o…
¡Quieres estarte quieta!,… pues no, la verdad, no quería, pero me quedaba quieta un ratito, el imprescindible para que ella me acicalara. O el imprescindible para que no acabara riñéndome con más seriedad.
Bueno, más o menos seguimos igual. Porque estoy convencida de que a ti también te habrán dicho innumerables veces que te estuvieras quieto, que dejaras de moverte, que facilitaras la tarea, que…
A Dios lo tenemos frito con nuestros continuos movimientos. ¡Cómo va a poder, el muy Bendito, hacer nada con nosotr@s si estamos moviéndonos sin parar! Y no será porque no nos lo dice, por activa y por pasiva. Pero… nos puede, no la inquietud sino el orgullo.
«Entra en tu habitación, cierra la puerta, ora en lo secreto,…»
«Vuestra salvación está en confiar y tener calma».
«Venid a un lugar tranquilo a descansar un poco».
… y mil más.
Qué empeño en ser protagonistas de nuestra propia relación con Dios. Qué creído nos lo tenemos pensando que podemos encontrar a Dios, que tenemos que ser nosotr@s quienes lo busquemos, cuando lo único necesario es dejarnos encontrar. Pero… nos gusta demasiado controlar a situación, ser efecti@s, eficaces,… Eso de esperar, tranquilamente, confiadamente, poniéndonos «a tiro» del amor de Dios para que se quede en nuestra vida… eso lo llevamos regular.
Solo podemos ver el fondo del pozo cuando este está en calma, cuando el agua está quieta.
En los tiempos que corren (que ya la palabra se las trae, hasta los mismos tiempos «corren») el milagro de la pausa es eso mismo, un milagro. Pero podemos hacerlo, podemos crearlo.
En esa pausa, en ese empeño cariñoso, y humilde, por dejarnos encontrar, daremos pie a que Dios pueda peinarnos, atarnos los botones del abrigo o los cordones de los zapatos y, sencillamente mirarnos con ternura.
Él es el protagonista de esta búsqueda/encuentro, nos lo dice en el libro del Éxodo: «he encontrado a mi pueblo y voy a salvarlo».
Cuando alguien se pierde en el monte, recomiendan no moverse demasiado.
Quien tenga oídos que entienda…

Publicado:
8 de agosto de 2017

Categorías: Espiritualidad, reflexionesTemas: Espiritualidad, Reflexiones, vida diaria

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