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Inicio/reflexiones/En- amor -adas siempre
Corazón comunitario

En- amor -adas siempre

El amor es fuerte como la muerte, dice el Cantar de los Cantares. Y es cierto. El amor es increiblemente fuerte, como tamabién lo es la muerte. Sospecho que lo contrario del amor no es el odio, o el desamor, sino la muerte, la ausencia de vida.
Quien no vive enamorado sencillamente no vive. Y no es necesario un enamoramiento de esos rositas, con múltiples corazoncitos, angelotes, estrellas y no sé cuántas cursiladas más, no, en-amorarse es vivir envueltos en el amor y eso requiere entrega, generosidad y mucha, mucha, pero que mucha, humildad.
La separación entre el amor y la muerte es sutilísima. Un sencillo paso errado y te encuentras caminando desesperanzada de la mano de la de la guadaña.
No, no me refiero a la muerte física, que hablo del «sin vivir» del alma.
Pero, para llegar a dar ese paso desalentador previamente han ido sucediéndose conflictos más o menos grandes, más o menos graves (habitualmente arropados por un ego enfermo o manipulable). El paso del amor a la muerte es la suma de movimientos, rara vez es una zancada inesperada.
Es imposible vivir si no estás enamorada, esto es, repito, envuelta por detrás y por delante, por arriba y por abajo, por dentro y por fuera, envuelta en el amor.
Partimos del privilegio de que Dios YA está enamorado de cada una, de cada uno. Ahora solo nos queda pasar ese conociemiento intelectual a la zona de las entrañas y hacerlo experiencial para, seguidamente, enamoranos de Él. Sin cursileces, con madurez, con apertura de miras pero sin medir, sin tacañerías ni condiciones.
La muerte entonces no será ya el «sin vivir» del alma sino la plenitud del Amor.

Por eso nos confesamos enamoradas, profundamente en-amoradas, envueltas en el amor de Jesús. No podríamos vivir esta opción si no percibiésemos el amor como algo fundamental y fundante en nuestro día a día.

La vocación religiosa es entrega en el Amor, la opción por esta vida conlleva pequeñas renuncias (y alguna grande) que se ven ridículas ante la grandeza de la experiencia de la vida entregada por amor.
 
 

Publicado:
16 de agosto de 2016

Categorías: reflexiones, Vida monástica-contemplativaTemas: Reflexiones, vida monástica, Vocación

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