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Inicio/Espiritualidad/Su luz atraviesa mis tinieblas
Tu Luz atraviesa mis tinieblas

Su luz atraviesa mis tinieblas

Jesús es la Luz. Él mismo nos dice “quien cree en mi no camina en tinieblas porque tendrá la luz de la vida”
En la Escritura encontramos testimonios estremecedores de ausencia de luz. Baste como ejemplo el aullido de Job:
“¡Desaparezca el día en que nací y la noche que dijo: “ha sido concebido un hombre”! Que ese día se convierta en tinieblas, que Dios desde su morada no lo recuerde más, que la luz no brille sobre él.”
Job, en pleno duelo, agarra con su mano la oscuridad, desea cubrirse con ella, casi hacerse invisible, desaparecer. Es tal su dolor que todo lo que sea claro, todo lo que signifique vida es incompatible con su angustia. También en nuestra vida cotidiana encontramos situaciones oscuras…
En la Cuaresma se nos invita al ayuno e Isaías nos explicita qué podemos hacer para que  “brille tu luz como la aurora”: abrir, liberar, compartir, hospedar, preocuparnos por el hermano….
Es una buena fórmula para que poco a poco, muy poco a poco, como le pasó a Job, emerjamos del abismo y exclamemos: “Te conocía solo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos”. Para él, el dolor, la oscuridad, le empuja a un diálogo sincero con su realidad, con su Creador y así, su vida, iluminada de Vida, le hace gritar de nuevo, esta vez de plenitud.
No es malo cruzar tinieblas, atravesar oscuridades, lo malo es permanecer en ellas, creer que son opacas, estériles, que no sirven para saltar, que son como una ciénaga que nos absorbe.
Luz y oscuridad, son las dos realidades de nuestra vida. Absurdo es negar que vivimos iluminados, e igualmente absurdo sería negar que las tinieblas también nos rodean, incluso, a veces,  nos penetran.
Por eso en este tiempo de cuaresma, agarramos una vela y nos adentramos en nuestras propias oscuridades. El hecho de que haya tinieblas, que las hay, no quiere decir que ellas nos dominen. Más fuerte que nuestra soberbia, nuestra envidia, nuestra competitividad o el sentirnos mejores que los demás es Jesús, que no permite que esas realidades nos cieguen sino que nos da su luz para entrar en la generosidad, la comprensión, la esperanza, la serenidad, la colaboración y la fraternidad.
¡Agarra tu vela y caminemos hacia la Luz!

Publicado:
24 de febrero de 2016

Categorías: Espiritualidad, reflexionesTemas: cotidianidad, Cuaresma, Espiritualidad, Reflexiones

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