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Inicio/Vida monástica-contemplativa/Soy monja, lo confieso

Soy monja, lo confieso

Soy monja. Lo confieso. Monja trinitaria. Y, además, se me nota. Pero es que tampoco lo oculto, ¿por qué? Y cuando digo que soy monja me refiero a “contemplativa”,una mujer integrada en una comunidad religiosa de vida contemplativa. Un poco pretencioso suena el adjetivo pero, más o menos, así nos definen. Y, por supuesto, aun dentro de lo ambicioso del calificativo, lo prefiero a que me digan que soy “monja (¡monjita!) de clausura”. ¡Qué horror! Como si la clausura fuese lo que define o determina mi vida. Nunca. Más definitorio es la búsqueda del silencio o la soledad, el esfuerzo por construir una comunidad siguiendo a Dios Trinidad, una familia, que, en principio, compartirá muchos, muchos, muchos años; todos los de cada hermana desde el momento en que decide integrarse en el grupo.
Soy monja. Y, además, para mayor sorpresa de gran parte de la sociedad, soy feliz, y encima, tengo la certeza de que, a lo largo de mi vida, podré realizarme como persona, como mujer y como monja católica.
A mucha gente le parece imposible. Claro, influye bastante el concepto que se tenga de “persona”, “mujer” y “monja”.
No es imprescindible, ni mucho menos, tener vastísimos conocimientos intelectuales para realizarse como persona. Ni viajar, o conocer otras culturas (cuanto más lejanas mejor), saber varios idiomas, conocer las últimas tendencias en moda, música, arte, deporte… No. No es imprescindible. Tampoco adquirir amigos chateando, enviar mensajes con el móvil, o hacer llamadas perdidas. Si así fuese, anularíamos a millones y millones de personas que no tienen acceso a todo esto, o que no quieren acceder a ello.
Es más conveniente procurar indagar en nuestro interior, conocer sus atajos y sus baches, sanarlo y alimentarlo, enriquecerlo con la reflexión, la apertura a las diferencias del prójimo, la generosidad y el sosiego. Así podremos entender y no juzgar otras culturas, valorar los pasos y caminos de la sociedad actual, enriquecernos con la felicidad ajena y transmitir la propia. Indudablemente es más efectiva la comunicación interior que la de los correos electrónicos “FW”. Eso no significa no dedicarle tiempo al estudio, el conocimiento, la información y el ocio. Faltaría más.
Si sólo pueden realizarse aquellas mujeres que son madres, que ejercen el don biológico de la fertilidad, o que son esposas, que han contraído matrimonio, o que se enamoran de un varón, o… desde luego, borramos de un plumazo a millones y millones de mujeres solteras, estériles, célibes, o vírgenes…, a millones de mujeres dedicadas a su Dios a lo largo del tiempo y del espacio. A mujeres que optan por caminar sin pareja, que prefieren otro tipo de autonomía.
Se es fértil también de otras maneras, haciendo de las entrañas lugar de acogida, fuente de expresión. Engendrando vida con todo el ser, no sólo con los órganos reproductores. Recibiendo amor y caricias, y repartiendo ternura y desvelo por los demás varones y mujeres. Engendrando un proyecto con otra gente, compartiendo techo, alimento, ilusión y cansancio sin necesidad de amor platónico o genital. Y enamorándose cada mañana de las oportunidades, de la propia vida, de los amigos y amigas… Que no hay más que echar un vistazo en el diccionario de la RAE para observar cómo hemos reducido esa hermosa palabra.
No, estoy segura de que podré realizarme como mujer en el camino que he escogido.
Si sólo pueden realizarse en la fe cristiana aquellas mujeres y varones que trabajan más directamente (“más eficazmente” me han dicho alguna vez) con inmigrantes, enfermos de sida, drogodependientes, mujeres maltratadas, en el campo educativo o en países empobrecidos,… si sólo puede realizarse en esta fe ese grupo de gente… creo que pediré el libro de reclamaciones.

Creo firmemente que desde mi vocación monástica, también puedo realizarme. Porque oramos, como Jesús, en un lugar apartado (Lc 5, 16). Ayudamos en el camino de la oración a quien nos pregunta (Mt.6, 9-13), como Jesús con los discípulos. Compartimos lo que tenemos con el resto, pobres y no pobres. Puedo realizarme en mi vocación. Porque nuestro tiempo está al servicio de quien llega. Porque nos arriesgamos a transmitir la Buena Noticia con nuestras palabras y nuestros silencios. Porque procuramos construirnos un corazón pacífico y así regalar sosiego a quienes llaman a nuestra puerta. Porque apostamos fuertemente por una vida en común, con esfuerzo diario, proclamando que es posible vivir junta gente muy diferente, y durante mucho tiempo, con mucho esfuerzo, repito, pero con una riqueza asombrosa. Porque…

No me costaría demasiado seguir argumentando los motivos por los que creo que se puede ser plenamente feliz, plenamente realizada siendo “persona, mujer y monja”, y, en mi caso, monja trinitaria en Suesa. Es cierto que no siempre resulta fácil en una sociedad tan plural en la que encuentras gente que no valora a las personas, que no reconoce la igualdad y dignidad de las mujeres, que considera a las monjas seres beatos, anacrónicos e ineficaces.
Y a pesar de todo ello, yo me empeño en seguir siendo feliz, y en proclamar que se trata de encajar tu pieza en el gran sueño de Dios. Por eso, sin ningún pudor, te invito a dejar entrar en tu consciencia la posibilidad de realizarte como persona, como mujer y como monja. Es una alternativa.

Publicado:
29 de enero de 2015

Categorías: Vida monástica-contemplativaTemas: comunidad, en femenino, vida monástica

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